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Rincones de Madrid: la Iglesia de San Andrés y la Capilla de San isidro

En un claro domingo matinal, de cielo limpio y azul, paseo por el viejo Madrid. En la plaza de Cascorro miro distraído los cachivaches, mercancías y curiosidades con que los puestos del rastro amenizan al visitante poniendo la nota de color y ambiente festivo a la mañana. Es agradable sentir el bullicio que me rodea por todas partes, me mece como la marea mece al barco de vela, y me lleva donde menos te lo esperas. Así llego yo por la calle Maldonadas, cruzando la calle Toledo y bajando la Plaza de la Cebada, por la pared del viejo mercado, hasta la templada plaza de San Andrés donde las buenas gentes de este Madrid se sientan en las amplias terrazas de las tabernas tradicionales a charlar de las pequeñas cosas que colman el instante de esta mañana, donde parece haberse detenido el reloj, entretenidos con el aperitivo y los buenos amigos.

Hoy no hay prisa, me recuesto en el sillón de la terraza y levanto la vista al conjunto que forman la Iglesia de San Andrés y la capilla de San Isidro, y que están allí desde que el arquitecto Juan de Lobera, terminará las obras en 1669. Casi tres siglos después, en la guerra del 1936 fueron incendiadas y destruidas. Mira que es absurda la guerra, pero como el alma humana inquieta, no es de natural conformista, decidieron reconstruirlas, prolongándose su restauración hasta 1991, con algunas modificaciones respecto al edificio original. Así, la parroquia se reconstruyó sobre el espacio de la antecapilla de San Isidro, mientras que sobre lo que había sido la iglesia del siglo XVII, se construyó la nueva casa rectoral.

San Andrés es una de las iglesias más antiguas de Madrid. El primer dato documental que tenemos sobre su existencia es su aparición en el Fuero de 1202 como una de las parroquias de la ciudad, aunque no obstante, y según la tradición, ya existía desde la época de San Isidro, que fue feligrés de esta parroquia siendo enterrado en ella hacia el año 1130. Incluso también se cree que pudo estar situada sobre lo que fue una primitiva iglesia cristiana del Madrid islámico, ya que la jurisdicción de San Andrés se extendía por lo que fue el antiguo barrio mudéjar, posterior morería.

A finales del siglo XV, sirvió de Capilla Real a los Reyes Católicos cuando residían en las casas de Don Pedro Laso de la Vega, desde donde se dio paso a la iglesia mediante la construcción de un pasadizo que daba acceso a la tribuna real.

Después de la muerte de San Isidro, su cuerpo estuvo custodiado en la parroquia de San Andrés hasta que en 1518, el Papa León X concedió su custodia a la familia Vargas quienes posteriormente lo depositaron en la Capilla del Obispo, contigua a la mencionada parroquia.

Enseguida, empezó un pleito entre la familia Vargas y la parroquia de San Andrés por el cuerpo. La disputa la ganó la parroquia, quien en 1544, en virtud de una bula del Papa Paulo III recuperó los restos del labrador, que beatificado en 1619, fue elevado a los altares en 1622.

El aspecto que hoy conocemos de este conjunto monumental se le empezó a dar por aquellos años de 1642, con el arquitecto D. Pedro de la Torre, habiendo sido desechado el primer proyecto de D. Juan Gómez de Mora en 1629. Siguió en 1657 la construcción de la capilla de San Isidro bajo la dirección del arquitecto D. José de Villarreal, en presencia de los reyes Felipe IV y su esposa Mariana de Austria. La capilla se adosa a la parroquia de San Andrés, construida sobre una planta alargada (perpendicular a la parroquia), con una gran cúpula encamonada rematada con una linterna. Cuando Villareal comenzó la capilla sólo estaban abiertos los cimientos, por lo que la planta correspondería al proyecto de Pedro de la Torre. Nadie sabrá nunca cuanto pudo José Villarreal alterar la idea original en el alzado. La capilla, destinada a albergar los restos de San Isidro tras su canonización en 1622, fue concebida perpendicularmente a la cabecera de San Andrés, cuyo presbiterio se convertía en antesala del desarrollo espacial de la nueva construcción, integrada por dos tramos cuadrados: el primero, contiguo a la capilla mayor del templo, cubierto por bóveda de cañón rebajada, y el segundo, y principal, coronado por amplia cúpula sobre tambor con ventanas, que proporcionaban a este último tramo una intensa iluminación en contraste con la penumbra del resto del recinto.

Y cuando pienso en todo esto aquí sentado tomando el sol, mientras acabo mi aperitivo, y voy dirigiendo ya mis pasos al hogar, donde me espera una buena comida y todo el resto del domingo por delante, me doy cuenta de lo relativo que es el tiempo, porque se puede parar y hacer eterno en un instante, relajado bajo el sol matinal, disfrutando de la compañía, los amigos y la charla, y a la vez se podemos ver pasar más de tres siglos de historia con solo mirar a la Iglesia de San Andrés.