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Las 7 maravillas del mundo antiguo

Maravillas que no son maravillas. Maravillas que se deben, por un lado, al ingenio y al talento del hombre, y por otro, ¿a un error de traducción? Esto merece una explicación, sin duda. Pongámonos en situación…

Las maravillas del mundo antiguo eran el conjunto de obras arquitectónicas que los antiguos griegos consideraban dignas de ser vitas, incluso imprescindibles. A lo largo de la historia se han conocido muchas listas que enumeran, a juicio de cada autor, las maravillas que uno no debe perderse. Existe una gran controversia sobre cuál fue la primera lista, que parece ser la del autor Filón de Bizancio en el siglo III a.C., aunque se limita a describir la idea desde un punto de vista abstracto y general:

De cada una de las siete maravillas a todos llega noticia por la fama, pero raros son los que con sus ojos las ven. Porque hay que trasladarse a Persia, atravesar el Eúfrates, viajar al Egipto, irse a vivir con los eleos de la Hélade, llegar a Halicarnaso de Caria, navegar a Rodas y contemplar Éfeso en Jonia. Y después de vagar por el mundo, cuando uno está deshecho por el peregrinaje, entonces se cumple el deseo, cuando hasta la vida, con los años, ha dejado de existir. Por eso es admirable y un gran regalo la cultura, porque libra al hombre de caminar, mostrándole lo hermoso en casa y prestando nuevos ojos a su alma... 

Pero la primera de ellas aceptada mayoritariamente data de finales del siglo II a.C. y fue la que escribió Antípatro de Sidón en un conocido poema y que ya arroja nombres concretos:

He posado mis ojos sobre la muralla de la dulce Babilonia, que es una calzada para carruajes, y la estatua de los alfeos, y los jardines colgantes, y el Coloso del Sol, y la enorme obra de las altas Pirámides, y la vasta tumba de Mausolo; pero cuando vi la casa de Artemisa, allí encaramada en las nubes, esos otros mármoles perdieron su brillo, y dije: aparte de desde el Olimpo, el Sol nunca pareció jamás tan grande” después de ver mi musa.  

Numerosas han sido las listas posteriores que provienen de Grecia, centradas en ensalzar exclusivamente su mundo, y posteriormente de Roma, que amplió el abanico de obras para admirar. A lo largo de los siglos se propusieron más de 25 maravillas diferentes, pero no fue hasta el siglo XVI, cuando el pintor holandés, Maarten van Heemskerck, retrató en una serie de pinturas lo que a su juicio debería haber sido la lista definitiva y que contó con amplia divulgación: la Gran Pirámide Guizá, los Jardines Colgantes de Babilonia, el Templo de Artemisa, la Estatua de Zeus, el Mausoleo de Halicarnaso, el Coloso de Rodas y el Faro de Alejandría. El pintor se basó más en el aspecto estético que en la historia, y descartó otras como el Templo de Salomón, el Arca de Noe o las Murallas de Babilonia, por ejemplo.

En lo que sí coincidían todas las listas era en emplear el número 7, que en la cultura griega representaba la perfección. No así lo hacían en el contenido de la lista. Pero actualmente es la lista de  van Heemskerck la que se considera definitiva.

¿Por qué se trata de un error? Charles Rivers Editors, una empresa de divulgación de contenidos académicos y educacionales, defiende en una de sus publicaciones que el término original empleado en los textos griegos era “theamata”, que se puede traducir como “algo que ver”, en lugar del que finamente se ha traducido, “thamata”, que hace referencia a obras extraordinarias que despiertan admiración.

Así pues, con la enumeración final y un pequeño comentario para despertar la curiosidad, lo mejor es deleitarse con las 7 maravillas del mundo antiguo…

La Gran Pirámide de Guizá

Construida en el siglo III a.C. por más de 100.000 obreros en las afueras de El Cairo, Egipto. Es la tumba del Faraón Keops, la única de las 7 maravillas que aún perdura. Tiene 146 m de altura y durante 3.800 años fue el edificio más alto del planeta. El único material empleado es la piedra caliza, y originalmente era de un color blanco que reflejaba la luz del sol con un efecto óptico impresionante.

Los Jardines Colgantes de Babilonia

Del siglo VI a.C., supuestamente construidos  por el rey Nabucodonosor II en los márgenes del río Eúfrates en Babolonia (Iraq). Se dice que el pueblo no podía visitarlos, solamente admirarlos desde el exterior, hasta el fin del imperio babilónico que conllevó su destrucción. Actualmente no se sabe si realmente existieron y dónde estuvieron situados, pero investigadores británicos parecen haber encontrado pruebas de su existencia y emplazamiento real en Mosul (no es difícil averiguar el motivo por el cuál no se puede excavar en Mosul en estos días para seguir investigando).

El Mausoleo de Halicarnaso

Lo correcto es hablar del Templo de Mausolo, en Halicarnaso, actual ciudad de Bodrum (Turquía). A partir de entonces es cuando se conoce como mausoleo al templo dedicado a un difunto. Más de 100 columnas, adornos de los mejores artistas, inspiración arquitectónica griega y 45 metros de altura, la tumba del rey Mausolo fue construida a su muerte por orden de su mujer durante los años 353 y 350 a.C. Se dice que Alejandro Magno lo destruyó 16 años después, pero realmente sucumbió en el año 1404 debido a un fuerte terremoto. 120 años después sus restos fueron utilizados por la Orden de San Juan para la reparación del Castillo de San Pedro de Halicarnaso.

La Estatua de Zeus

Construida en marfil y oro por el famoso escultor griego Fidias a mediados del siglo I a.C. en Olimpia, Grecia. Representaba al dios Zeus sentado en un trono con el torso desnudo, de 12 a 40 metros de altura (según diferentes autores), y estaba en el pasillo del templo dedicado al dios. Se sabe de su existencia por aparecer en las monedas de la época de Adriano con un aspecto muy similar al descrito tiempo atrás por el autor Pausanias. Se piensa que fue trasladada a Constantinopla en tiempos de Teodoro II y destruida allí por un incendio.

El Coloso de Rodas

Fue una gran estatua del dios griego del sol, Helios, realizada por el escultor Cares de Lindos en la isla de Rodas, Grecia, en el año 292 a.C. y destruido por un terremoto en 226 a.C. solo 66 años después, aunque permaneció tumbado y admirado durante décadas. Todavía hoy existen dudas sobre la situación exacta del coloso de Rodas; algunos historiadores sostienen que se encontraba flanqueando el puerto de la ciudad, con una pierna en cada lado del puerto. Sin embargo, estudios más recientes señalan que se encontraría en la Acrópolis de Rodas. Medía unos 20 metros de altura y estaba situada sobre una base de mármol blanco de unos 15 metros. Su grandeza era tal que las embarcaciones podían pasar debajo de sus piernas.

El Templo de Artemisa

El templo, cuyas medidas eran de 114m de longitud y 54m de anchura, estaba equipado con 127 columnas jónicas con una altura de 60m cada una, donde sus distintas salas y monumentos eran designados con letras sucesivas del abecedario. Fue construido en Éfeso (Turquía) por el rey Creo en el 540 a.C., y tardaron más de 120 años en levantarlo. En el año 356 a.C. fue arrasado por un incendio pero reconstruido por orden de Alejandro Magno, pero en el año 262 fui finalmente saqueado y destruido por los godos.

El Faro de Alejandría

Fue construido entre 285 a. C. y 247 a. C.  por Sócrates de Cnido para Tolomeo I. Se ubicaba en la isla de Pharos, cerca de la ciudad de Alejandría (Egipto), de la cual se origina la palabra Faro para denominar estas señalizaciones costeras. Mil quinientos años aproximadamente fue vigía a la vera del Mediterráneo, hasta que fue destruido por dos terremotos a principios del siglo XIV. Constaba de tres secciones: una base cuadrada, una sección octogonal central, y una parte superior circular coronada por una estatua de Zeus, donde se disponía un espejo que reflejaba la luz solar durante el día y el fuego de un horno que se encendía por la noche.