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El origen y las claves del Gin Tonic

Mucho se habla hoy en día del Gin Tonic, un combinado protagonista desde hace poco tiempo en la mayoría de las barras españolas. Sin embargo, el Gin Tonic es un afamado cóctel de más de 200 años de antigüedad, muy ligado a la medicina y las viejas fórmulas de botica.

El comienzo de todo.

En 1550 el médico holandés Franciscus de la Boe, en su afán por encontrar un bálsamo diurético a base de un destilado de nebrinas (el fruto del enebro), preparó una solución medicinal que, por su base relacionada con el enebro, recibió el nombre latino de aqua juniperi, el francés de genièvre y el holandés junever.

Pocos años después, en 1575, y debido a su éxito popular, Lucas Bols fundó la primera destilería de ginebra (que todavía funciona en la actualidad) modificando la fórmula de De la Boe. En lugar de destilar un aguardiente de nebrinas fermentadas se destilaba, en alquitara, un aguardiente de cereales posteriormente infusionado con nebrinas.

Inicialmente se asociaba el consumo de esta ginebra a los soldados (a los que se atribuía un “coraje extra” por el carácter espirituoso del producto) y a las clases sociales bajas, porque las primeras ginebras eran, claramente, destilados de baja calidad. Aun así, la fama de la ginebra se extendió rápidamente a Inglaterra durante la guerra de independencia, debido al gran número de soldados británicos en tierras holandesas.

Con la llegada al trono de Guillermo de Orange, que prohibió la importación de bebidas alcohólicas extranjeras, aparecieron numerosas destilerías británicas, que empleaban alambiques para la destilación y basaban la mezcla en alcoholes puros en lugar de aguardientes.

De esta forma aparecen los dos estilos de ginebra existentes, el holandés algo más dulce pero más fuerte de sabor, y el inglés, más seco y más suave. En la actualidad, además de los dos estilos principales, se acepta internacionalmente como ginebra cualquier bebida alcohólica aromatizada con nebrinas.

La mezcla con la tónica.

Los soldados y los funcionarios británicos destinados en la India en el siglo XVIII tomaban una dosis continua de quinina para evitar el contagio de la malaria. Gracias a la invención de un joyero alemán llamado Jacob Schweppe (que añadió quinina y gas carbónico de forma estable a una solución de agua con extractos de naranja), la toma de la quinina se hacía a través de un refresco.

La alta cantidad de quinina confería un sabor demasiado amargo a la tónica por lo que, coincidiendo con el auge de la ginebra, los británicos decidieron combinar el refresco con ginebra. Y nació el Gin Tonic.

La esencia del Gin Tonic.

La ginebra es una bebida alcohólica blanca, destilada, con base de alcohol neutro o de aguardiente, con notable infusión de nebrinas y otros botánicos que le confieran aromas y matices extraordinarios.

Cada fabricante de ginebra esconde total o parcialmente la fórmula mediante la cual mezcla los distintos botánicos, la proporción e incluso la variedad. El sabor y aroma del producto final depende en gran medida de los ingredientes y de la forma de introducirlos en el alcohol.

Actualmente existen gran variedad de marcas de ginebra y tónica, pero la esencia del Gin Tonic se conserva intacta desde hace muchos años: frío, proporciones adecuadas, conservación de las burbujas de la tónica, un vaso de boca ancha y, para los más modernos, potenciación de alguno de los botánicos de la ginebra.

Las claves de un gran Gin Tonic.

  • La ginebra. Hoy en día proliferan las denominadas ginebras premium, más producto del marketing que de la calidad real, así que, cuidado con pagar un precio alto por una mala ginebra. En cuanto a sus características más florales, más cítricas, más... La elección de unas u otras depende de la preferencia por sabores y matices. Lo más importante es saber distinguir la calidad de la destilación y el ensamblaje de los aromas, no tanto el nombre o los colores de la botella.

  • La tónica. Debe ayudar a suavizar y potenciar la ginebra, y no enmascararla. Para ello es necesario disponer de una tónica de calidad y con ingredientes naturales. Igualmente importante resulta conservar sus burbujas, por lo que debe evitarse a toda costa la adición de zumos o pulpas de cítricos (limón, lima, naranja, etc.), sobre todo con tónicas de carbónico suave, porque el ácido cítrico reacciona con el carbónico y desaparece la necesaria burbuja. Por el mismo motivo se debe servir la tónica con suavidad (lo de deslizarla por el mango torneado de la cuchara mezcladora... Más merketing).

  • Los botánicos. Una buena ginebra lleva en su ADN la mezcla de los botánicos adecuados y, por tanto, se debe respetar la composición de la misma y no alterarla con la adición de otros que desnaturalicen el producto. Potenciar uno o dos botánicos de la ginebra resulta positivo, enmascarar los matices con otros botánicos inadecuados estropea la calidad del Gin Tonic.

  • La proporción. Si lo que se busca es disfrutar de un sabor y un aroma únicos, entre 5 y 7 centilitros (dependiendo de la ginebra, la tónica y el vaso empleados) son las proporciones adecuadas.

  • La copa y los hielos. El Gin Tonic necesita respirar y dispersar sus aromas. Para ello requiere ser servido en un vaso de boca ancha y siempre con bastante hielo frío (que no se derrita fácilmente y deje aguado el combinado con rapidez). Olvídense los vasos de tubo.

 

Mis recomendaciones...

Como ginebras de corte más clásico yo destaco Tanqueray, incluso London nº1. Como ginebras más modernas, me gusta mucho Gin Mare (y además, es española). En cuanto a la tónica, Fever Tree es la mejor opción porque respeta el sabor de la ginebra y no lo oculta no con azúcares ni con aromas. Si hablamos de los vasos adecuados, los llamados Long Drink son mis preferidos. La copa de balón vuelve a ser marketing, pero es muy bonita.

Pero claro, para gustos están los colores. Tómate el Gin Tonic que más te guste y como más te guste. Y... ¡Salud!